Escrito por : Álvaro Terrón 11 de enero de 2011

Una mirada vale más que mil palabras, claro está, pero ¿qué hay de aquellas miradas que quedan en el olvido?. Sabes quien te conviene por su mirada, es tu primera toma de contacto con la realidad, pero un día te das cuenta de que aquella mirada que embargo tus sentimientos ya no está, se esfumo en el más profundo olvidar y regreso cuando ya era tarde, cuando tus ojos se habian cansado de esperar mirar los suyos mientras dabas vueltas en tu cama.

Las miradas no esconden, son solo las palabras las que hacen trampa. De repente pruebas la soledad y necesitas esa mirada que te hace sonreir pero a la vez te hace llorar, difieres, determinas, valoras y prefieres. Por mucho que actues moralmente esa mirada, la mirada, se queda guardada por siempre e incluso pretendes guardarla bajo llave para cuando la veas de nuevo pienses, la vida sigue igual. Aquellos ojos con los que aprendiste tantas cosas te enseñan ahora ellos a ti que son lo más valioso que tienes.

Prohibido tocar, pero nunca te prohibas mirar, porque las miradas pesan sobre las espaldas más que sobre el corazón. Vive para tu mirada, haz a tu mirada feliz y no la confundas.

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