Escrito por : Álvaro Terrón 31 de enero de 2014

Hace tiempo un experto en marketing me comentaba un caso curioso que hoy me ha venido a la cabeza. Por lo visto cuanto más espuma produzca un champú peor es para la salud de nuestro cabello. Esto se debe a que los champus y geles contienen sulfatos, y cuanto más sulfato tenga, más espuma produce. Aún así, todas las marcas utilizan estos sulfatos. Y aquí es donde viene la explicación con respecto al marketing. Las personas asociamos espuma con higiene, y por lo tanto si comprases un champú que no produce espuma posiblemente pensarías que es malo.

Algunos pensareis que me estoy volviendo un loquino porque todo esto no tiene nada que ver con los profesores o con la educación en general. Pues en las siguientes lineas os lo intento explicar con las siguientes metáforas con las que seguro que a partir de ahora miras de forma diferente tu bote de champú. 

1. Cuanto más espuma producen parecen ser mejores.

Entendiendo espuma por "mejores notas", un profesor debe parecer ser mejor que otro simplemente por el hecho de que con el aprueban todos. Cuando tenemos espuma en nuestra cabeza, sentimos que ahí arriba se esta moviendo algo. Cerramos los ojitos para que no nos piquen. Cuando alguien está pensando, también nota sus ideas correr por la cabeza, se siente útil, e incluso cierra los ojos para pensar mejor. El profesor que ayude a sentir espuma en la cabeza de sus alumnos ya ha conseguido un primer paso que viene seguido del siguiente punto. Porque no todo es la nota final.

2. Te aclaran las ideas.

Las ideas, al igual que el champú hay que aclararlas. Un profesor ayuda a encontrar esas ideas que están dentro de tu cabecita y que ni siquiera sabías que existían. Te ayuda a ordenarlas y a recapacitarlas. El buen profesor es el que saca lo mejor de cada uno de sus alumnos dentro de una gran diversidad indiscutible y no aquel que consigue que todos sus alumnos aprueben sin haber aprendido nada.  

3. Algunas ideas se van por el desagüe pero la motivación perdura.

Llegados a este punto ya podemos diferenciar que la espuma es aquella que produce una enseñanza pasajera, y el resto del contenido del champú es aquello que perdura, que te hace sentirte higiénico. El champú se va hacia el desagüe, pero no sin antes pasar por todo tu cuerpo. Porque cabeza y cuerpo están conectados, por eso son erróneas frases como esas que dicen "hasta que el cuerpo aguante". Tu cuerpo lo mueve tu cabeza, y a tu cabeza la motivación. Es esa motivación que te da el profesor la que hace sentirte higiénico. La que hace conocerte a ti mismo y saber que aunque todas las ideas que tuviste no son válidas, tu motivación sigue moviendo tu cuerpo y mente para encontrar nuevas ideas. En parte gracias a que el profesor a aclarar tus ideas y a ordenarlas.

4. La ausencia es la mayor productora de nostalgias.

Ese champú que usabas cuando eras joven, cuando tenias pelo. Te encantaba echártelo en tu cabecita pero no lo valorabas lo suficiente hasta el día que empezaste a tener caída de cabello. Con los profesores pasa lo mismo. Parece que "te comen la cabeza" por cada uno de sus consejos, los mismos consejos que añoras y piensas lo bien que te hicieron una vez que han pasado los años. Recordar a tu profesor es igual que recordar a tu cabello. Atención, si has llegado a este punto te acompaño en el sentimiento.

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  1. Muy creativo y realista, enhorabuena.

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  2. Te felicito por la forma de hacer tan ilustrativa la analogía que nos muestras.Efectivamente, los sabios consejos y motivaciones que alguna vez hemos recibido de algunos maestros, perduran en el tiempo porque han quedado calados en nuestra memoria; de tal forma que lo hacemos extensivo a los hijos y a nuestros propios alumnos.

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